Bolivia - OTROJO - Nº 9 - Febrero 2017

¡EL TIRANO CUENTA
SUS HORAS!

Rogelio Peláez Justiniano.
Periodista.
Para el presidente Juan Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera, el consumo masivo del contrabando, es desarrollar el mercado interno boliviano.

La primera autoridad del país y los que lo secundan en su régimen utilitarista y participativo en lo social; y autoritario en lo político, admitió oficial y públicamente que “ya tiene las horas contadas”. Esta confesión de parte con relevo de pruebas, ocurrió en su informe-discurso-electoralista que pronunció el 22 de enero de 2017, después que cumpliera un periodo gubernamental legal y dos subsiguientes holísticamente inconstitucionales.

Para jactancia y/o vergüenza personal en su rol presidencial, el despotismo no valora el tiempo irreversiblemente perdido que tanto necesita Bolivia, para procurar su desarrollo y no solamente el crecimiento del consumismo de productos y servicios que, vía contrabando, invaden un mercado interno nacional incipiente. Casi inexistente.

El presidente inconstitucional de Bolivia, Juan Evo Morales Ayma, en su informe extenso sobre ocho años de un montado y no construido Estado Plurinacional y casi 192 años de vida republicana, consignó 11.167 horas de vuelos nacionales e internacionales durante sus 11 años continuos de usufructo del poder.

Después de la estafa pública que significó el Censo Nacional de Población y Vivienda/2012, en esta redacción anotamos el beneficio de duda respecto de las horas de vuelo del presidente. No se va a estimar un aproximado de las horas de discursos pronunciados en similar tiempo de gestión que, sumándolas cuantitativamente, el resultado es pesado por lo tedioso y repetitivo de su contenido.

En lo cualitativo, lo que ya parece un rito pagano, arroja o mide una temperatura bajo cero. No es honesto reiterar indicadores macroeconómicos y realizar comparaciones manipuladoras, porque se originan en contextos diametralmente distintos. La impostura descubre, conquista y/o inventa que 2017 es un año posterior a sus pares 1825, 1952, 1985 y 2005.

En esta tiranía, al menos uno de los presuntos subversivos y/o terroristas de ayer, el vicepresidente Álvaro Marcelo García Linera, hace 11 años es parte de esa camada de los que actúan autoritariamente. El proceso político que vive el país, al presidente Juan Evo Morales Ayma, de víctima lo ha convertido en el verdugo que, del resentimiento y odio, hizo características de su personalidad y forma de gobernar.

Administraciones en las que, ambas autoridades inconstitucionales, a punta de arbitrariedades empeoraron lo que ya estaba mal. De la amplia botonería, baste ver los botones de justicia, salud, educación, vivienda, fuentes de trabajo. No es lo mismo armar botines políticos para “los busca pegas” como son sus acólitos con amplia inclusión social.

Los agentes orgánicos de este proyecto político, en el poder desde 2006, no diferencian lo necesariamente importante de lo aparatosamente urgente. Malversar dinero público en gastos suntuarios, se asimila como otro matiz de autoritarismo. Toda fiscalización, vía interpelaciones, esta “sui géneris revolución” la cambió por tumultos de “ruidosa ovación partidaria”. Bien pagada con los impuestos recaudados.

El sofismo envolvente y matemáticamente calculado no pierde ocasión que se le presenta. El consumismo como indicador del crecimiento y desarrollo de un país, es lo único “nacionalizado” en Bolivia y que, uno, dos o tres operadores y varios ventrílocuos amplifican interna y externamente.

Subliminalmente es una labor electoral permanente. La artillería dispara discursos en torno a que los bolivianos viven en una Suiza sudamericana. ¿Será por eso que la desocupación, aún no los ha “SUIZAcidado” a los que buscan trabajo para subsistir? ( LUPA )