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¿Crimen “revolucionario” o
fascista en Venezuela?

otrojo.com

El oficial de policía de Venezuela, Oscar Pérez, antes de morir hizo un llamado desesperado a su país para que ayuden al grupo rebelde dirigido por él. Denunció que la orden literal del gobierno era matarlos, no obstante que habían anunciado su rendición y entrega.

Tan alejados están los hombres de Dios, que cultivan una lógica de razonamiento que, exquisitamente, diferencia los crímenes buenos de los malos; y los patrióticos de los antipatrióticos. Su egocentrismo es el valor de cambio más consumido en el mercado de subasta.

Pese a esta laceración, no tiene y debe llegar a ser algo cotidiano como manifestación cultural, que unos u otros, se alegren por y de la muerte del contendiente ocasional. Es que ninguna riqueza o miseria humana explica y justifica que, es altamente loable, asesinar a un imperialista y/o antiimperialista.

Queda por demás probado que cuando están en el poder, los que se proclaman locuazmente derechistas y/o izquierdistas son tan cobardes y corruptos como ellos solos. Emulan lo que desde el llano, cuestionaban y denunciaban: explotación laboral, persecuciones, detenciones, torturas y muerte. Que una víctima se defienda en defensa propia, sería comprensible, pero la situación se agrava cuando ésta, se convierte en verdugo para empeorar lo que está mal.

La muerte del oficial de la policía venezolana, Oscar Pérez, junto a otros ocho camaradas que se habían rebelado contra el orden impuesto por el presidente de ese país, Nicolás Maduro, es trata señal más dentro del cúmulo de crímenes. ¿Se trata de un crimen “revolucionario” y antiimperialista, porque el que lo ordenó, se reclama y declara como tal?

Al margen de la parafernalia, hace 51 años, la derecha asesinó al argentino-cubano conocido como el comandante Ernesto “Che” Guevara. Ocurrió en 1967 en una escuela de la Higuera, Santa Cruz, Bolivia, dentro de una contienda irregular como fue la guerrilla de Ñancahuazú. Después de caer herido y ser detenido y/o prisionero, fue ultimado por órdenes superiores.

En enero reciente, el gobierno izquierdista del presidente Nicolás Maduro ejecutó extrajudicialmente cuando asesino a nueve policías rebeldes parapetados en un inmueble ubicado en un barrio de Caracas. Se habían sublevado contra lo que consideraban un régimen despótico y corrupto gobernante en su país.

El o los videos mostrados por los medios de comunicación, son por demás patéticos. Pérez relata que la orden gubernamental era matarlos, no obstante haber anunciado la rendición del grupo insurgente. Dicho y hecho, nueve fueron abatidos y, en las fuerzas del frente, también se registró al menos una baja fatal que no se rindió.

Se insiste, es evidente, según reportes de prensa, que los policías rebeldes, antes de morir asesinados, realizaron algunos operativos-atentados contra edificios donde funcionan oficinas de la administración pública del régimen de Maduro.

Luego de esas acciones, la prensa venezolana y la internacional, no reportaron muertos como consecuencia de las mismas. Impericia o alta sensibilidad humana para evitar heridos o muertos, podría ser una de las causas para tal desenlace. La muerte de los mortales es inevitable, pero sí lo es que un hombre asesine a uno o varios de sus semejantes.