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DEPORTEmas

De nuestro fútbol malo,
de cada día

Selva Montes Campos.
Periodista.

Los dirigentes del fútbol boliviano debieran trabajar para que el fútbol boliviano alcance la superación sostenida de su capacidad y calidad competitiva en el ámbito internacional. Eso tiene que ocurrir, a partir del nivel competitivo que se alcance en los torneos locales y nacionales.

En diciembre del año pasado concluyó el último de dos torneos disputados en 2017. Bolívar, en los dos campeonatos, futbolísticamente jugó como si no hubiese terminado sus respectivas pretemporadas. El ritmo y nivel de competencia, definitivamente es bajo en Bolivia. Fue un bicampeón insípido.

Su entrenador, José Beñat, español de origen, jugó con todo y nada. Improvisó alineaciones de jugadores y, a manera de descubridor de este deporte, buscó sin encontrar esquemas de juego. Prescindió de jóvenes promisorios; los hizo transferir a otros equipos nacionales e internacionales. Frustrar a los “exportados”, fue su mayor logro.

De toda la comunidad social deportiva, los dirigentes tanto en el fútbol como en otras distintas disciplinas, asumen la mayor responsabilidad para cumplir buenas y/o malas gestiones administrativas, económicas y técnicas.

La confusión de visión y de criterios alarma a la misma indiferencia de la gente. Elaboran estatutos y reglamentos de campeonatos con vacíos legales que despiertan dudas y mucha desconfianza. La interpretación y aplicación de normas son por demás discrecionales.

Crecen las susceptibilidades. Parecería que todo obedece a los afanes electorales de cada uno de los interesados en ser miembros de los directorios de las instituciones rectoras del fútbol. El partido entre Petrolero, Yacuiba y Universitario, Sucre, fue un ejemplo de esa situación.

Constituye un craso error entender que este o aquel club es exportador de jugadores y de directores técnicos. En ambos casos, los “exportados” llegan al país para colonizar a los actores y protagonistas del fútbol. No saben a qué juegan, por lo que cualquier identidad o patrón de juego, está más allá de lo remoto.

Para colmo, anteponen lo comercial a lo deportivo. El desmantelamiento del estadio del club Bolívar, manda una fuerte señal en este contexto. ¿El dinero hasta cuándo colonizará al deporte?