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ESCRITO ESTÁ

Cristo perseguido

Elena de White (+)
Wikimedia Commons.

Establecer hechos es lo que hace otrojo en su trabajo cotidiano. Esta labor es la razón de su existencia como medio de comunicación que, con su línea editorial, ratifica digitalmente, el recorrido que Larga Vista impreso transitó hasta diciembre/2015 con y en 118 ediciones mensuales.

Busto de Nerón.

Cuando Jesús reveló a sus discípulos el destino de Jerusalén y los acontecimientos de la segunda venida, predijo la parte que los gobernantes de este mundo impondrían a la iglesia de Dios. (Mateo 24: 9, 21, 22)

Los seguidores de Cristo recorrieron el mismo camino de la humillación, reproche, y sufrimiento vividas por el Maestro. La enemistad que estalló contra el Redentor del mundo, se manifiesta en contra de todos los que creyeran en su nombre.

Busto de Nerón.

La historia de la iglesia primitiva atestigua el cumplimiento de las palabras del Salvador. Los poderes de la tierra atacaban a Cristo en la persona de sus seguidores. Se encendieron los fuegos de la persecución. Los cristianos fueron despojados de sus posesiones y expulsados de sus hogares.

"Soportaron un gran combate de aflicciones." (Hebreos 10:32) Ellos "experimentaron vituperios y azotes, sí, más de esto prisiones y cárceles."(Hebreos 11:36) Muchos sellaron su testimonio con su sangre. Nobles y esclavos, ricos y pobres, cultos e ignorantes, todos eran muertos sin piedad.

Estas persecuciones, a partir de Nerón sobre el tiempo del martirio del apóstol Pablo, continuaron con mayor o menor furia por varios siglos. Los cristianos fueron falsamente acusados de los crímenes más terribles y de ser la causa de grandes calamidades: hambre, pestes y terremotos. A medida que se convirtieron en los objetos de los odios y sospechas, informadores estaban listos, en aras de la ganancia por traicionar a los inocentes.

Los seguidores de Cristo fueron condenados como rebeldes contra el imperio y enemigos de la religión. Muchos, arrojados a las fieras o quemados vivos en los anfiteatros. Algunos fueron crucificados; otros cubiertos con pieles de animales salvajes y echados a la arena para ser despedazados por los perros. Grandes multitudes se reunían para disfrutar de la vista y saludaban con risotadas y aplausos, la agonía de los moribundos.

Dondequiera que buscaron refugio, los seguidores de Cristo fueron cazados como animales de presa. Se vieron obligados a buscar escondite en lugares desolados y solitarios. "Pobres, angustiados, maltratados;. (De los cuales el mundo no era digno :) perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y cavernas de la tierra" Versos 37, 38.

Catacumbas

Por debajo de las colinas de las afueras de la ciudad de Roma, largas galerías se habían cavado a través de tierra y roca; la oscura e intrincada red de pasajes se extendían por millas más allá de los muros de la ciudad. Los seguidores de Cristo, en estos retiros subterráneos enterraban a sus muertos; también ahí, encontraron un hogar. Cuando el Dador de la vida despierte a los que han peleado la buena batalla, muchos mártires por causa de Cristo se levantarán de entre aquellas cavernas sombrías.

Como servidores de Dios de antaño, muchos fueron "torturados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección." Estos se acordaron de las palabras de su Maestro: “a mayor persecución, mayor recompensa en el cielo”. Se regocijaron por haber sido considerados dignos de sufrir por la verdad, y las canciones de triunfo subieron de en medio de las llamas crepitantes.

Mirando hacia arriba por la fe, vieron a Cristo y los ángeles que se inclinaban sobre las almenas del cielo, para verlos a ellos con el más profundo interés y firmeza como forma de aprobación. Desde el trono de Dios: "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida." (Apocalipsis 2:10) fue la voz que llegó hasta ellos.

En vano fueron los esfuerzos de Satanás para destruir la iglesia de Cristo por la violencia. La gran controversia en la que los discípulos de Jesús entregaban la vida, no cesó cuando estos fieles portaestandartes caían en su puesto. Los obreros de Dios eran sacrificados, pero su trabajo, siempre seguía adelante.

Los testimonios y moribundos fueron testigos constantes de la verdad; los sufrimientos que soportaron unían a los cristianos entre sí y con su Redentor. Y donde menos se esperaba, los súbditos de Satanás abandonaban su servicio y se alistaban bajo el estandarte de Cristo.

El Evangelio y el número de sus adherentes iban en aumento. Y alcanzaron las regiones que eran inaccesibles para las águilas de Roma.