LUPA

“Una herramienta para aproximarse y discernir los hechos”. (ARATICO)

La ASFIxia criminal de la ética

Florencia Labiosse Bustos.
Es periodista.

En los hechos, la ASFI asfixia ética y la información que debiera fluir institucionalmente como forma de garantizar la credibilidad en el sistema bancario y financiero nacional. Informar oficialmente sobre la base de un informe interno del banco Unión, en sentido que el robo sufrido no pasaba de los Bs. 490 mil, implica “ahogar otros indicios y pruebas que pueden existir ”. Acumular y archivar decenas de denuncias de víctimas de estafas bancarias, refuerza tal situación criminal.

¡Dueños irresponsables de la “hacienda Bolivia” que el MAS, se compró con el voto! (Lenny Valdivia, directora de la ASFI, ex ministro Luís A. Arce Catacora y Alejandro Taboada, director de la UIF. )

En Bolivia, el egoísmo y la soberbia de los sujetos pensantes de la política partidaria, atentan contra la escasa y precaria institucionalidad. El abuso de poder, para colmo, en los recientes 70 años permanece impune. El crimen organizado, con cada acción y declaración de sus operadores, devasta las estructuras del país.

En el ámbito financiero, las primeras instituciones a ser auditadas administrativa, técnica y jurídicamente, debieran ser la ASFI y la UIF (entidades fiscalizadoras de transacciones bancarias, financieras y comerciales con importadoras en las que uno o más clientes hacen millonarias inversiones para la compra de un automóvil, por ejemplo).

Las dos entidades públicas identificadas, no evitaron el robo de un centavo, uno o diez bolivianos del banco Unión. Existencialmente no cumplen su responsabilidad de supervisar y fiscalizar el funcionamiento idóneo y probo del sistema bancario y financiero del país.

Las primeras autoridades de la ASFI y UIF, al menos debieran sospechar que existen normativas que mandan el arqueo diario de caja sobre el flujo o movimiento económico de un banco. Que el encaje legal es otro mecanismo establecido para controlar la dinámica innata del sector.

Si cumplieran su responsabilidad, desde los años 80 y 90 del siglo pasado, no se hubiesen dado las quiebras en los bancos Potosí, Cochabamba, Minero, Vivienda, BIDESA, banco Sur y BBA. Como también en otras instituciones financieras como FINSA, ORCOBOL, Guapay y San Luís, entre otras.

El presidente Juan Evo Morales Ayma, astuta y oportunamente “redujo a dos milloncitos y algo más”, el desvió a cuentas particulares de aproximadamente Bs. 700 millones del ex FONDIOC, a cuyas arcas transfirieron dinero estatal de la república de Bolivia y su Estado Plurinacional. Los beneficiarios son dirigentes sindicales y sociales “antiimperialistas”.

Ahora y sin “mala leche”, aunque en Bolivia, el 26 de octubre se haya celebrado el “Día Nacional de la Leche”, otrojo, periódico digital boliviano de edición mensual, discierne sobre lo declarado por el senador, aliado del MAS, René Joaquino, de cuyas afirmaciones se parafrasea: “ha transcendido que son Bs. 267 millones y no los 37, lo que se habría robado del banco Unión”.

Antes de aportar este dato cuantitativo sobre un nuevo daño económico al Estado, el mismo legislador señaló que es necesario conformar una comisión parlamentaria especial para una investigación técnica del caso. Si esa potencial comisión legislativa repite la labor de otra anterior conformada para el tema de la china CAMC, la impunidad de los involucrados intelectuales y materiales, está asegurada.

Por los frutos que se observan en el árbol institucional del orden establecido, en medio de la política partidaria operan inescrupulosos y, por cada día de impunidad, empeorará la situación política, económica y social de los bolivianos y, también, la de sus semejantes en el mundo. El poder secreto en el planeta Tierra, desde los años 80 y 90 propugna un gobierno mundial y también una religión única forzadamente globalizada.

La criminalidad organizada interna y externamente, a las próximas generaciones no le dejará país. Las que vienen, apenas encontrarán escombros de la destrucción a nombre del “pueblo”, “soberano”, “revolución”, comunismo, capitalismo, fascismo y socialismo. Todos, dúctiles con la corrupción.

Los intereses subalternos de los dirigentes de los distintos partidos políticos que gobernaron Bolivia desde 10 de octubre de 1982, “solidaria y patrióticamente” conformaron cúpulas que degeneraron en “roscas con gula de la cosa pública”. Una democracia ininterrumpida durante 35 años, no valora el tiempo para convertirse en un modo de vida.

“Hicieron lo que mejor les vino en gana”. Impunemente, las leyes, se las pasan, se enfatiza, por “donde se padece de hemorroides”. Y la permisividad social, embelesada y sumida en un letargo, observa, mira, ve con pasividad sorprendente que, parecería, necesita importar tiempo.